Historia

 

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La antigua villa de Oruñuela, -como consta en varios documentos medievales, además de las variaciones de: Eruñuela, Oriñuela, Eruniola y Uruñuela – fue fundada en el siglo X por el primer rey najerino García Sánchez, hijo del rey navarro Sancho Garcés I y de su mujer la reina Toda Aznar, en el marco de la política repobladora de La Rioja.

La primera mención histórica data del año 1.052, en que, al fundarse el Monasterio de Santa María la Real, aparece citada como iglesia agregada. En este documento recogido en el número 228 del tomo 6 de la “Colección de documentos del Archivo de Simancas”, se lee “Hereditatem S. Sebastián de Eruniola” (la iglesia de San Sebastián derruida para construir la actual).

Por escritura otorgada el 14 de abril de 1458, bajo el nombre de Oriñuela, esta villa estuvo incluida en la fundación de los diferentes mayorazgos que dejaron a sus tres hijos don Pedro Fernández Velasco, conde de Haro, y su esposa doña Beatriz Manrique. En 1.518, Luís Manrique, hijo del conde de Nájera, don Pedro, sostuvo litigios con su hermano el duque don Antonio por las tierras de Oruñuela, Villa – Jimena (no se refiere a una localidad sino a las tierras de una familia) y Alesanco. De ello se deduce que estas tierras todavía en el siglo XVI pertenecían al señorío de los Manrique, cuyos orígenes se remontan a los tiempos de Enrique de Trastamara.

En el siglo XIV, Uruñuela se vio envuelta en la guerra que sostuvieron por el trono de Castilla Pedro I el Cruel y su hermano don Enrique de Trastamara. Ambos apoyados por las coronas vecinas: don Pedro por los reyes de Navarra e Inglaterra y don Enrique por el rey de Aragón y el de Francia, se enfrentaron en estas tierras riojanas el 3 de abril de 1367; en la denominada Batalla de Nájera que tuvo como marco las tierras de Huércanos y dada su proximidad, las de Uruñuela. Tras la cruenta batalla, don Pedro ganó la contienda y don Enrique tuvo que huir a Francia por tierras de Aragón. Dos años más tarde don Enrique da muerte a su hermano pasando a ocupar seguidamente el trono de Castilla. Enrique II premió a sus fieles seguidores, entre los que se encontraba don Diego Gómez Manrique, otorgándole a él y a su familia multitud de villas y lugares, entre ellos Uruñuela.

Los levantamientos ocurridos en Castilla tras la coronación de Carlos I como rey de España, tuvieron su eco en La Rioja. Haro y Nájera fueron los focos comuneros sublevados contra el nuevo monarca. En Nájera los comuneros, tras tomar el castillo de Malpica, se apoderaron del mando y justicia de la ciudad ahorcando al hidalgo representante del monarca. Los vecinos de Huercanos, Uruñuela, Matute y Camprovín se sumaron al levantamiento najerense.

Tras sofocarse la sublevación por el duque de Nájera, el Rey Carlos I concedió el título de villa a Uruñuela. Prueba de ello fue la transformación de la horca y la picota, símbolos de señorío medieval, en rollo jurisdiccional, del cual se conserva la cabecera, ésta se encuentra situada en una finca particular, pero en la actualidad, por parte del Ayuntamiento, se está realizando un estudio para plantear su cambio de ubicación.


Personajes ilustres de Uruñuela

Don Diego Merino

Médico en el Hospital Real de Burgos, autor en latín de un libro de medicina publicado en 1575 bajo el título “Didaci Merini Hurunuelensis, xenodochii Regis jugi burgensis medici, de morbis internis libri sex (podemos traducir por: “De Diego Merino de Uruñuela, médico del Rey en Burgos: seis libros sobres las enfermedades internas”. Según los datos que han sido recogidos por el Padre Juan Bautista Olarte (agustino recoleto, guardián de la magnifica biblioteca del Monasterio de Yuso), en la actualidad sólo se conservan cuatro ejemplares, estos son:
1.    Madrid: Biblioteca Nacional
2.    Salamanca: Biblioteca Universitaria
3.    Barcelona: uno de los tomos se encuentra en la Biblioteca de la Real Academia de Medicina y el otro en la Biblioteca Episcopal

Padre Fray Roque Leza del Patrocinio de María

Nacido el 15 de agosto de 1853 en Uruñuela. Procurador general de los agustinos recoletos en 1888.

Padre Fray Máximo Leza del Patrocinio

Nacido el 18 de noviembre de 1840, llegó a ser confesor de Monteagudo (Navarra) y de San Millán.

Padre Fray Sebastián Leza de la Concepción

Nació el 20 de enero de 1834. También fue agustino recoleto.

Luciana Cárdenas Sáez

Nació en 1892 y falleció en 1969. Religiosa de la congregación de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, realizó una insigne labor en el asilo de Calahorra.


Leyendas y relatos

La Rioja en la guerra de los Comuneros

“No es este el lugar, ni menos mi propósito, para enjuiciar el Movimiento de las comunidades en Castilla y la Germania en Valencia. Doctos escritores y plumas autorizadas por los años y el saber, nos hablaron largamente de este tan sugestivo como incomprendido tema, para la generalidad de los españoles. Sirvan para aquellos que quieran estudiar el Movimiento, los nombres de Juan Ginés de Sepúlveda, en su «Historia de Carlos V»; Gonzalo Fernández de Oviedo, en «Batallas y Quincuagenas»; el ilustre historiador Fray Prudencio de Sandoval y el Padre don Juan Maldonado, en su interesante libro publicado en latín con el título: «El Movimiento de España o Guerra de las Comunidades de Castilla». Todos estos autores, que podemos llamar antiguos, al lado de los contemporáneos entre los que ocupa lugar destacado el Académico de la Real de la Historia don Manuel Danvila en su magna obra de seis tomos «Historia Crítica y Documentada de las Comunidades de Castilla», publicada por la dicha Real Academia de la Historia del año 1897 a 1899, en su «Colección de Documentos, Opúsculos y Antigüedades», tomos XXXV al XL.

Como origen o motivo del levantamiento que tuvo lugar el año 1520, el 16 de abril, en la imperial ciudad de Toledo, al grito de «¡mueran los flamencos!», y terminó trágicamente en el «Campo de los Caballeros» de Villalar, con la derrota de los Comuneros y la prisión y martirio de sus tres principales jefes el 21 de abril de 1521; podemos consignar el famoso testamento de Ntra. Sra. la Reina Católica en el que ordena y prohíbe estén en manos de extranjeros los cargos, oficios y dignidades de sus Reinos.

Extranjero era el Rey que se nos entraba por las puertas; extranjeras sus costumbres, y extranjeras—y es lo más importante— sus amistades, sus consejeros y las personas a las que entregó los primeros cargos de su Reino, aquellos flamencos cuya codicia y afán de rápidas riquezas es tan conocida para la historia.

Una Reina madre, Doña Juana, retirada en Tordesillas con sus facultades mentales perturbadas y una invasión de flamencos ambiciosos, hacían no conocer a España los viejos vasallos de Don Fernando y Doña Isabel”.

Ramón José Maldonado.